1) ¿Por qué estudias Fisioterapia?
Lo primero es tenerlo claro. Yo tengo claro
que me gustaba mucho la carrera, me sigue gustando cada día más y, si volviera
al pasado y tuviera que elegir de nuevo -en aquel momento y aquellas
circunstancias-, es muy probable que volviera a estudiarla. No obstante también
había muchos otros estudios que llamaban mi atención, desde enfermería o
terapia ocupacional a otros nada relacionados con el entorno sanitario como
periodismo o telecomunicaciones. Si la decisión no la tomara entonces
sino ahora, tal vez barajara otras opciones, puesto que las condiciones no son
las mismas.
2) ¿Para qué estudias Fisioterapia?
Ten claras tus preferencias y tus objetivos. Ten en cuenta
que una cosa es lo que se estudia y luego otra muy distinta en lo que se termina
trabajando. A veces se tienen unas expectativas que no se
corresponden con la realidad. Entérate de cómo está la
situación del mercado laboral, no vaya a ser que estudies pensando que las
cosas son de una manera y luego te estrelles. He conocido compañeros que,
después de estudiar la carrera, se quejaban de salarios bajos, de la dificultad
para acceder a trabajar en centros públicos, abundancia de trabajo temporal,
dificultad para trabajar en los sectores que más les gustaban, limitación de
las funciones… De todo esto te puedes (debes)
informar antes de estudiar, no vaya a ser que luego te sientas frustrado.
Si te has decidido y quieres seguir adelante
¡estupendo! Sigamos entonces con los consejos:
3) No esperes a que se
inicien las clases: estudia -al menos lee- lo que puedas.
Pide apuntes a alumnos de otros años, lee la
bibliografía recomendada de las asignaturas que vas a estudiar, busca
información en Internet… Es cierto que hay muchas asignaturas
que necesitan práctica o explicaciones detalladas para llegar a entenderlas,
pero hay otras que son así y punto. Por ejemplo, Anatomía y
biomecánica: Nunca es pronto para empezar a visualizar las estructuras
del cuerpo humano y aprenderse algunos nombres y localizaciones. Esto
te va a hacer falta siempre, así que, mientras antes empieces, mejor. Atlas
típicos son Sobotta o Netter,
muy renombrados y con un precio algo elevado. Cada cual tiene sus preferencias.
Puedes pedirlos prestados a la biblioteca y valorar cuál te gusta más. Si no te
quieres dejar la paga así, a las primeras de cambio, una buena opción con
excelente relación calidad-precio es el Atlas de Anatomía Master EVO5, de
Marban. Es una buena forma de empezar a
familiarizarse con el cuerpo humano por un precio razonable.
4) Acércate a Internet y
la blogosfera sanitaria.
Internet es una excelente forma de tener
acceso a recursos multimedia: vídeos de youtube sobre el cuerpo humano,
biomecánica, fisiología, ejercicios, técnicas… Eso sí, no te quedes en la
Wikipedia. Busca
sitios especializados. También podrás encontrar numerosos blogs con
contenido generado por profesionales de todo el ámbito sanitario. Es una
excelente manera de ver la realidad de las profesiones sanitarias, puesto que
los autores suelen contar sus experiencias y expresar quejas, así como realizar
propuestas para mejorar. También es muy útil a nivel
académico ya que se presentan artículos o técnicas novedosas que tardarán años
en llegar a las aulas.
Además, la
difusión continúa en las redes sociales. Perfiles en Facebook, Twitter,
Google+, así como foros y otros lugares donde conocer personas de las que
aprender y con las que compartir conocimientos e inquietudes. De esta forma, en
tus estudios ¡nunca caminarás solo!.
5) Idiomas: han pasado de
ser útiles a imprescindibles.
En cuanto
a empieces a indagar un poco, encontrarás que muchos de los mejores libros y, sobre
todo, los artículos más novedosos, no están disponibles en castellano.
El idioma habitual suele ser inglés, por lo que, si
no lo dominas, ya tardas.
Además,
dependiendo de la zona donde termines trabajando, no será raro encontrarte con
pacientes extranjeros, con lo cual no vas a poder hacer tu trabajo si no te
entiendes con ellos.
Y vista la situación actual del trabajo en
España, hay muchos compañeros que han terminado emigrando para trabajar a
países como Inglaterra, Francia, Suiza o Italia donde, por cierto, los salarios
y condiciones de trabajo suelen ser mejores que en nuestra querida España.
Actualmente
suele haber bastantes ofertas de empleo para Francia, así que no es
mala idea dedicarle tiempo a este idioma.
6) Practica como si te
fuese la vida en ello.
En nuestra profesión, lo que mejor se
recuerda es lo que se practica: si practicas poco, recordarás poco. Menos mal que
algo está cambiando. Con la implantación del título de grado se supone que se
aumentará la formación práctica y especializada. Sin embargo ¿por
qué esperar a que se inicie el período de prácticas para empezar a aplicar los
conocimientos? ¿Por qué limitarse a los centros en los que la Universidad te
ofrece hacer prácticas?. Nunca está de más pasarte por
centros en los que te gustaría trabajar o ver cómo se trabaja para ofrecer
tus servicios como voluntario. Puede que te dejen ir
simplemente a ver durante un horario limitado, puede que te dejen realizar una
labor sencilla no relacionada con tus estudios (acompañar o hablar con los
pacientes, ayuda en tareas muy simples…) puede que te dejen colaborar haciendo
tareas muy básicas de fisioterapeuta en prácticas o puede que te den con la
puerta en las narices, pero creo que es positivo intentar practicar cuanto más.
mejor. No solo sirve para aumentar la destreza, sino para ver
cómo es el trabajo en la situación real y poder ver un sentido a la unión entre
la teoría y el desarrollo de la profesión.
7) Especialízate, pero
huye de magufos.
Actualmente no existe como tal la
especialización en fisioterapia. No, no salimos sabiendo de todo. No
puedo saber por qué te duele la rodilla cuando saltas a la pata coja con que me
lo cuentes por teléfono. Lo que sí existen son cursos, posgrados, masters y
otros estudios complementarios para aumentar la formación que
se recibe en la Universidad y encauzarla hacia una práctica más
concreta: deportistas, personas mayores, daño cerebral adquirido, traumatología…
El problema que yo veo es que cualquiera
puede organizar un curso sobre cualquier cosa, cobrar por ello y darte un
diploma.
Muchas veces los cursos se mueven por modas: que a la gente le gusta el Pilates,
pues todos los cursos de Pilates. Que a la gente le molan las pegatinas de
colores, pues todos los cursos de vendaje neuromuscular. Que a la gente le mola
pagar un sobreprecio por un placebo, pues terapias con nombres chulos y sin
estudios científicos que los avalen.
Mi consejo es informarse muy bien sobre qué
cursos o estudios complementarios merecen realmente la pena. El diploma lo vas a
colgar en la pared (o más probablemente a dejar olvidado en un cajón), pero los
conocimientos los vas a tener para siempre. Para informarte
puedes preguntar a compañeros, al organizador del curso o buscar información en
lugares de Internet donde te puedan recomendar con criterio.
8) ¿No eres masajista?
Pues no te ofendas: explica.
Hay una
controversia muy fuerte que no termina: ¡los fisioterapeutas no somos
masajistas! Vale, pero damos masajes y los vendemos a precio de
oro, además de que sientan requetebién. No nos extrañemos si solo nos conocen
por eso. ¿Quieres que te conozcan por algo más? Explica. A
mi no
me ofende que me digan masajista, o médico, o panadero: simplemente
es que no soy ninguna de esas cosas. A la persona que me lo
dice se lo explico, y punto. No es culpa de la población no saber a
qué nos dedicamos, es culpa nuestra que no se lo contamos y
le vendemos otra cosa. Sientante 5 o 10 minutos y prepárate un minidiscurso
para cada vez que alguien te pregunte si eres masajista o a qué se dedica un
fisio. Contra la ignorancia de nuestros campos de actuación, menos indignarnos
y más preocuparnos por darnos a conocer.